miércoles, 23 de junio de 2010


Mi boca se abrió todavía más, se apretó con más fuerza a su cuello. Noté como la sangre descendía por mi garganta. Noté su cabeza contra la mía. Noté el firme cerco de sus brazos.
Estaba apretado contra él y noté sus tendones, sus huesos, el propio contorno de sus perfectas manos. Yo conocía su cuerpo. Y, con todo, seguía recorriéndome aquel entumecimiento, acompañado de un extasiante hormigueo cada vez que una sensación penetraba el entumecimiento y se amplificaba en la penetración haciéndose más plenas, más intensa, hasta permitirme ver lo que sentía.
Pero la principal protagonista de la escena siguió siendo la sangre, dulce y sabrosa, que me llenaba mientras yo bebía y bebía.
Más, quería más, ése era mi único pensamiento....

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